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23.12.10

y es que con sólo observarle, era feliz. solamente con eso, era feliz.



(chicalluvia os manda pastelitos de navidad para que os endulcéis mucho durante estas fiestas).
y es que con sólo observarle, era feliz. solamente con eso, era feliz.



(chicalluvia os manda pastelitos de navidad para que os endulcéis mucho durante estas fiestas).

24.11.10

quisiera darte amor para desayunar

Tenía la mirada fija sobre él. Lo observaba detalladamente desde una silla de madera en la penúltima mesa de la cafetería, cada movimiento, cada gesto, cada parpadeo. Era inevitable -qué digo, ¡imposible!- quitarle los ojos de encima. Cuando estaba de espaldas intentaba contenerse para no acercarse de un momento a otro y darle un abrazo de oso de espaldas, o darle mimos en los domingos de lluvia, o simplemente darle amor para desayunar y que al volver a casa quisiera más. Algo hizo que él destacase entre todos los demás. Quizás fue por su sonrisa tímida. Quizás por su torpeza. Quizás por su amabilidad. Fue más que un flechazo, más que una estrella fugaz.


(chicalluvia os manda té de naranja para haceros pasar el frío de noviembre y besos de azúcar)

17.10.10

(timidez)

Ir a la cafeteria de la esquina era un ritual. Tanto en los días tristes como en los felices, siempre iba al mismo lugar. Se sentaba en la penúltima mesa que tocaba a la ventana y se ponía a observar. Pedía un café con mucha, mucha leche y dos
terrones de azúcar.
Hace unos días, un camarero joven y apuesto le regaló un bombón de chocolate, y desde entonces, éste le ha robado el corazón. Quiere saber más de él, qué le gusta hacer, qué música le gusta escuchar y qué libros le gusta leer. Chicalluvia es tímida. ¿Qué puede hacer?

5.10.10

(cucharas soperas y libros antiguos)

Lleva el pelo recogido en una coleta pequeña. Como lo tiene corto, algunos mechones ondulados se han quedado sueltos y le hacen cosquillas en la nuca.
Está en la cocina y luce un delantal con estampados de pasteles y lazos de colores.
En la mano izquierda tiene un libro de literatura japonesa del 1901 abierto por la página 78 mientras las pupilas resiguen línea 25, y en la mano derecha sostiene una cuchara sopera, con la cual remueve la sopa que está en el fuego burbujeando.
De tanto en tanto, se lleva la cuchara a los labios, y con un respingo al tocarlos siente calor en ellos y un gran sabor en la boca.
Podría sentarse en una silla mientras vigila el fuego, pero no lo hace. le gusta el aroma a sopa y el sonido de las burbujas mientras lee.

13.9.10

Capítulo II

(si te perdiste la primera parte clica aquí)

-Aquí lo tienes, un té de naranja y si me dejas… -dijo mientras hurgaba en su bolsillo derecho. Si me dejas, un bombón de chocolate para que me perdones por la confusión.
-Oh, eres muy amable. Me encantan los bombones. Muchísimas gracias. No hace falta que te disculpes, a todos se nos va de tanto en tanto la cabeza. –sonrió Chicalluvia, con su brillante sonrisa.
-Sí, jeje.
Cuando el camarero se alejó, Chicalluvia lo observaba detalladamente. Era un chico delgado y con las facciones de la cara muy finas, el pelo corto negro y los ojos color miel. Tenía una sonrisa brillante y le descifró la timidez en los ojos. Lucía un uniforme de cafetería gracioso: un pantalón negro, una camisa blanca y una pajarita al cuello. A simple vista tenía cara de niño, aparentaba unos 22 o 23 años como mucho. Hacía una semana que la cafetería había sido inaugurada, y parecía que estuviera contratado desde toda la vida, se le daba bien llevar la bandeja de un lado para el otro haciendo malabares y equilibrios.
Tomó el bombón y se lo llevó a la boca. Era chocolate totalmente negro relleno de galleta. ¿Sabía el camarero que el chocolate y las galletas eran dos de sus dulces favoritos?
Durante un rato lo saboreó, mientras pensaba qué haría para distraerse. Sacó un libro de su bolsa y se puso a leer.
Pasaban los minutos y los segundos y el camarero no podía dejar de mirarla. Creo que podría llamarlo un amor a primera vista. O a segunda, quién sabe.
Pasado un rato, vio que Chicalluvia ya se había terminado el té de naranja y el bombón, y decidió acercarse, retirarle la taza y verla un poquito más de cerca.
-¿Ya has terminado? ¿Te retiro la taza?
-Oh, sí. Gracias. –dijo mientras levantó la vista hasta los ojos del chico.
-¿Estaba rico? –poniendo la taza en la bandeja de metal.
-Sí, y el bombón también.
-¿Quieres que te traiga otro?
-No, no te molestes, si me das otro ¡seguro que te pediré tres más! –dijo Chicalluvia sonriendo.
De los propios nervios de una mirada cautivadora, al joven camarero le cayó la bandeja y la taza al suelo.
-¡Eh Nil, ¿en qué estás pensando?! –chilló otro de los camareros desde la barra de la cafetería.

7.9.10

(Chicalluvia era una chica de pelo corto)


A veces te miro y remiro y no paro de mirarte. Dicen que la belleza, a parte de estar por fuera, también está por dentro. Pero tú has conseguido que la belleza esté en ambas partes. Sin embargo, no puedo dejar de observarte. Paso las horas observando cada parpadeo tuyo, cada gesto, cada movimiento, cada sonido de tu voz y cada silencio.

3.9.10

Capítulo I

Era una mañana gris, y pasito a pasito, andaba Chicalluvia por el borde de la acera, haciendo equilibrios y con los brazos estirados pareciendo un avión. Lucía una camiseta de punto de manga larga blanca, una falda por encima de la tripa y unas bailarinas bonitas.
Se paró frente a una cafetería nueva que habían inaugurado la semana anterior. Tenía un aspecto antiguo y bonito a la vez. Dudando por unos segundos, finalmente, decidió entrar.
Barrió la cafetería con una mirada. Había poca gente, por lo que estaría bien pasar la mañana allí. Se sentó en una mesa para dos junto a la ventana y un camarero con aspecto tímido se dirigió a ella con una pequeña sonrisa:
- Buenos días, ¿qué quieres tomar?
- Hola, buenos días. Un té de naranja, por favor –sonrió.
- Un té de naranja, perfecto, te lo traigo en un minutito. –y anotó el pedido de Chicalluvia. Vaya, qué día tan triste hace hoy, ¿verdad? –dijo, mirando por la ventana.
- A mi me gustan estos días, la verdad es que a no me parece que sean tristes, sino todo lo contrario. Hace frío y una se siente bien al salir a pasear.
- Es cierto, se está genial en la calle, sólo que a mi me gustan más con un poco más de sol.
Se quedaron mirando con una gran sonrisa. Los ojos de ambos tenían un gran poder de atracción y se quedaron en silencio varios segundos.
- Ehm, ahora…ahora te traigo el té de lavanda… -dándose la vuelta.
- ¡Disculpa, disculpa! Té de naranja, de naranja. Que te…te has…equivocado…no de lavanda… -dijo Chicalluvia, bajando la mirada.
- Ay sí, de naranja. Discúlpame tú –y se fue avergonzado y sonriendo a la vez.

25.8.10

las noches de verano son para tomárselas con leche fresquita


Oscuridad. Profunda oscuridad. Eso es lo que había antes de que Chicalluvia encendiera la luz de la cocina de su pisito acogedor. Abrió la nevera, cogió un brick de leche y con un pequeño golpecito la nevera se cerró.
Escogió la taza más bonita para llenarla de leche hasta arriba. Rebuscó en el armario y sacó unas simples galletas María puestas ordenadamente en un bote de cristal con cierre magnético. Con un ligero movimiento de muñeca abrió el bote y el aire olía a galleta (rico rico). Metió la mano y sacó 5 galletas de golpe, las cuales rompió con un golpe seco y dejó caer en el vaso lleno de leche. Dejó que las galletas se empaparan y se sumergieran en eso que llamamos final.

17.8.10

ver(te) amanecer


He tenido un sueño de esos con los que te levantas con una gran sonrisa, y al ver(te) amanecer he sonreído todavía mucho más. Me gustaría que cruzaras la calle, subieras sólo dos pisos y nos abrazáramos fuerte fuerte.

(Justo en ése momento Nil estaba desayunando. Ésos fueron los únicos cinco minutos que ella esperaba que estuviera sentado en la ventana).

12.8.10

tormentas en verano

Lleva horas sentada en la cama leyendo, parecería una estatua si no se moviera de tanto en tanto para cambiar de posición y estirar las piernas. Luce dos pequeñas trenzas que le empiezan a ambos lados de la cara, a la altura de los ojos, y un camisón de color beige con estampados. Mi reloj marca las 0:02 de la madrugada. Es verano y hace exactamente un minuto que hay tormenta.
Se ha levantado y ha dejado el libro en el borde de la cama, ha apagado la luz general de la habitación y se ha quedado a oscuras. Observo como encamina sus pasos hacia la ventana, la abre, y se sienta en el borde. Saca la mano, y miles de gotitas se le quedan pegadas a la piel, como por arte de magia. Sonríe, y sin querer, me mira. El viento le acaricia la piel y de pronto, me llega un olor fascinante, como si pudiera olerla a ella en este preciso momento. El olor a lluvia, a Chicalluvia.

2.8.10

guardaba sueños en tarritos de mermelada

Y es que a veces Chicalluvia sale a pasear sus sandalias por los campos de fresas del señor Martín, los gigantescos campos que hay detrás de su iglú polar.
Recordaba momentos del año 1999, cuando asomaba la naricita por la puertecita del horno mientras un bizcocho de fresa se cocinaba y después lo adornaba con mermelada de fresa y rodajas de naranja. Los domingos por la mañana, justo después de desayunar, preparaba pasteles junto a su madre y por la tarde, para merendar, se los comían con té de canela. Y lo que más le gustaba era guardar sueños en los tarritos de mermelada que había vaciado.

23.7.10

noches estelares en el bosque


Anoche fui a dormir al bosque. Empecé a caminar hacia él cuando empezaba a anochecer, mientras el cielo tenía un color rosado y anaranjado. Llevaba unos zapatos de charol, pero el sonido de las hojas y flores hizo que me los quitara y me quedara descalza, sintiendo la tierra en la planta de mis pies. Algunas mariposas me seguían hacia mi nido, porque ya era hora de dormir. Encontré un prado, lleno de flores y hojas bonitas que desprendían un olor mágico y misterioso. Me tumbé, y sentí un todo a la vez. Apoyé mi cabeza junto a la hierba y a las flores que me rodeaban y empezó a brotar una magia alrededor.

18.7.10

siempre tuvo miedo de los monstruos que se escondían bajo su cama.

Siempre tuvo miedo de los monstruos que se escondían bajo su cama. Ya se lo decía mamá, ya, que si no se comía el plato de verdura a la hora de cenar, los monstruos saldrían de debajo de su cama y que la asustarían y tendría mucho miedo. Por eso, cuando conoció a Nil, desde el primer momento prometieron protegerse el uno al otro. Ella lo amaría con todo el corazón, el alma y mucho más, y él también lo haría, y sobretodo: mataría los monstruos por ella.

8.7.10

(ternura)



Tenía las ventanas cerradas, y por las persianas se asomaba un dedito de luz bonita. Chicalluvia estaba tirada en el suelo, hecha una bolita desnuda en medio de la habitación. Estaba en un estado confuso, desconcertada. Parecía que no quisiera escuchar a nadie, nisiquiera al silencio. Rompiéndolo, Nil picó a la puerta de su habitación.

-Pequeña, ¿puedo pasar? –le dijo Nil tendiéndole una sonrisa de oreja a oreja.

-Sí, pasa. –contestó ella, con voz tímida y temblorosa aún tirada en el suelo.

Nil era incapaz de pensar. Nunca la había visto así, estaba desesperado por saber el por qué, y no dudó en preguntárselo.

-Sonará algo estúpido, pero sé que te pasa algo, necesito que me lo cuentes, no puedo verte así. Dímelo, pequeña, por favor, se me romperá el corazón en mil pedazos si te sigo viendo así. –dijo Nil.

-Nil, tengo miedo. Mucho mucho mucho miedo. –contestó ella, mientras se le humedecían los ojos y las lágrimas se asomaban por sus mejillas.

-Pero dime, pequeña, ¿de qué tienes miedo? Sabes que mataré todos los monstruos por ti.

-De que algún día te escurras de mis manos, de que no me des más besos, de que no me des abrazos de oso en medio del parque cuando todos nos miran, de que no nos bañemos desnudos en el río, de que no recorras nunca más mi piel de mandarinas, de que mi corazón deje de latir cuando algún día me digas que no me quieres. De todo eso y mucho más.
Nil la vio tan frágil que pensaba que iba a romperse. Se sentó en el suelo junto a ella, y apoyó la cabeza en su pecho y de pronto se fundieron en un dulce abrazo.

-Eso no lo pienses nunca más, nunca nunca nunca más. Eso nunca pasará, te lo prometo. Dijimos para siempre y será para siempre. Te quiero, mi pequeña Chicalluvia. –dijo Nil, abrazándola fuerte fuerte para que todos sus miedos se recolocaran de nuevo y desaparecieran.
En aquél instante, se empezaron a comer a besos mientras las lágrimas resbalaban por las mejillas de Chicalluvia, pero esta vez, de felicidad.




(pequeños lectores, me voy de vacaciones, vuelvo el día 17 para mi cumpleaños. podéis ver la foto en grande en mi flickr )
besitosdeesquimal.


Dunkel Black

7.7.10

Nil sabía que Chicalluvia era el amor de su vida.

Nil sabía que Chicalluvia era el amor de su vida. Lo sabía. No sabía ni el por qué ni el cómo, pero lo sabía. No se conocían de nada, mejor dicho, ella no lo conocía, él a ella sí, de tanto observarla durante horas por la ventana. Nil vivía en un piso pequeñín pero acogedor, y Chicalluvia enfrente de él, un piso más abajo. Él pasaba las horas mirándola. Sabía los vasos de zumo de naranja que tomaba, los libros que leía, los cuadernos en los que escribía, las veces que salía y demás. No estaba obsesionado, simplemente estaba enamorado. Sabía que algún día se conocerían y serían felices para siempre.

6.7.10

ella es mi pequeña esquimal.

Chicalluvia era de esas niñas que te dan besitos de esquimal, te dan abrazos de oso polar y te hacen pastelitos para merendar.

12.5.10

la chica-lluvia sacó a pasear a sus botas rojas.



Salió sin rumbo a pasear a sus botas rojas y a su paraguas de topitos blancos y negros. Mientras la gente corría para resguardarse de la lluvia, la chica-lluvia paseaba lentamente por las calles de la ciudad. Con paso ligero, soñaba despierta, pensando en maravillas y lugares a los que quería volar. Como en las películas antiguas, podría sonar una banda sonora dulce y fabulosa, para sentir la felicidad que sentía el cuerpo y el corazón de la chica-lluvia.